SEPTIEMBRE


"Remordimiento que siento cada vez que me despierto: como si me hubiera manchado con una oscura desobediencia". 
G.B

AGOSTO



 "Mi logorrea: similar al braceo angustioso
 de un náufrago que traga agua."

G.B

JULIO

"Mi barroquismo es aparente: donde parece que grito, en realidad callo o susurro."


FEBRERO



“ La primera señal de amor consiste en transformar a un ser doméstico en un demonio desconocido.” G.B



Cementerio central de Buga, Diciembre

Los cementerios están ubicados en una disposición espacial y temporal diferente ya que en ellos se establece una relación entre el universo profano-terrestre y el sagrado-celeste.
El tiempo dentro de los cementerios es un tiempo ritual, suspendido. Una duración sin comienzo ni fin.

 La tierra dedicada a albergar y conmemorar a los muertos, es un espacio destinado también al encuentro y la interacción entre los vivos.Podemos apreciar en las visitas a los cementerios como las personas no se apresuran a partir tan pronto entregan el cuerpo a la tierra, sino que se quedan caminando, intercambiando noticias y recuerdos, recorriendo con la vista “las lapidas vecinas de ancianos muertos hace mucho tiempo, con la misma mirada en el rostro que tiene la gente en las bibliotecas y en los museos cuando estudia las vidas y obras de los otros para aprender sobre sí mismos”.

Entonamos despedidas y oraciones, esperando que el próximo día alguien se despida de nosotros al pasar.

OCTUBRE





Adaya llega siempre sin anunciarse, con ese caminar particular: una fuerza contenida a punto de estallar en cualquier momento. Contemplativa, calmada, astuta, deambula con familiaridad entre la oscuridad con ojos refulgentes de alucinada. Ambiguas son sus pupilas según incide la luz en ellas. Me gusta su carácter contemplativo, su curiosidad, su silencio, su ensayada pereza. Camina en la penumbra un poco casi como yo lo hago.

Yo no me atrevo nunca a tocarla. Trato de seducirla con esfuerzo pero sin un propósito definido, más bien a tientas. Ella se resiste con fiereza pero sin determinación. Adaya disfruta embrollarme con su sonrisa burlona. Esa odiada y adorada narcisista desconsiderada.

Ella intenta borrar cada rastro mío en si con la misma desesperación con la que yo me aferro a su presencia. Más que mirarme a los ojos y hablarme se revela ante mi abalanzándose y dándome un mazazo en la cabeza. Yo lo he encontrado siempre muy divertido.